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Fuiste creado para la felicidad.
Fuiste creado para vivir en plenitud tu paso por la tierra.
Fuiste creado para Dios, para esta vida y para toda la eternidad.
Por lo tanto, si sientes que todavía no estás viviendo con esa plenitud interior que tú te mereces, pregúntale al Señor cuál es el motivo. Él te irá mostrando las heridas que aún quedan por sanar, las ataduras a las que hay que renunciar, los cambios que necesitas hacer, y confía profundamente en la guía providente del Señor.
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