¿He olvidado u omitido expresamente en mis confesiones precedentes algunos pecados graves?

¿He  reparado las injusticias eventualmente infligidas a terceros?
He profesado siempre vigorosamente y sin temor la fe en Dios y en su Iglesia. ¿Me he mostrado cristiano  tanto en  la vida privada como en la pública?

¿He rezado mañana y tarde? ¿Es mi oración una verdadera conversación  del espíritu y del corazón con Dios o es solamente un rito exterior? ¿He ofrecido a Dios trabajos, alegrías y dolores? ¿He recurrido a Él en las tentaciones?

¿Tengo, tal vez, otros dioses, con los cuales soy más cuidadoso o en cuales tengo más confianza que en Dios, como el dinero, supersticiones, espiritismo y otras prácticas mágicas?

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