Hay quienes consumen sus energías tratando de agradar a todos, y al final del día, terminan tristes y agotados, pues comprueban con pesar que no lo han logrado.
Algunos tienen este comportamiento no por verdadero amor al prójimo, sino porque ellos mismos están sedientos de amor y de aceptación, lo cual puede llevar a que resignen elementos valiosos de la propia identidad.
Deja de autoengañarte. Por mucho que te esfuerces, jamás agradarás a todo el mundo. Entre otras muchas cosas, porque es algo que en definitiva no depende de ti y que escapa a tu control.
Por lo tanto, haz lo que tengas que hacer, hazlo lo mejor que puedas, disfruta de lo que estás haciendo y deja en las manos de Dios los resultados.

Si intentas agradar a todos, no agradarás a nadie.

via

Advertisements